Cumbre Social: países de la región coinciden en la necesidad de impulsar la participación social en el bloque al más alto nivel

Consenso. Esa parece haber sido la palabra mágica durante esta nueva edición de la Cumbre Social, llevada a cabo en Salvador de Bahía. Consenso a la hora de determinar, ministros sociales de la gran mayoría de los países de la región, que no serán los pobres quienes pagarán las consecuencias de la crisis financiera internacional. Consenso a la hora de ratificar la tajante oposición a las prácticas neoliberales, cuyos costes aún sufren muchos de los Estados que conforman el Mercosur. Consenso para la creación, por primera vez, de un Instituto Social que vigile la lucha por la igualdad de oportunidades y derechos. Consenso en la necesidad de profundizar la participación social en los países del bloque, algunos de los cuales aún se muestran rezagados en la instrumentación de espacios institucionales que velen por la legitimación de la sociedad civil mercosureña como actor indispensable para la construcción ciudadana de la integración. Consenso al advertir que el camino que están transitando los países de la región para bajar las tremendas desigualdades que dejaron décadas de ostracismo es el indicado: más Estado para proteger a los más desamparados. Y menos Estado para salvar bancos fundidos. Consenso. Y más consenso.

Con la presencia de activistas sociales, autoridades, representantes de las organizaciones de la sociedad civil, empresarios y trabajadores, una mesa redonda integrada por la secretaria ejecutiva del ministerio de Desarrollo y Combate al Hambre de Brasil, Arlete Sampaio, el ministro de Cultura de Brasil, Juca Ferreira, el ministro jefe de la Secretaría General de la Presidencia de Brasil, Luiz Dulci, el gobernador de Bahía, Jaques Wagner, la ministra de Planificación de Chile, Paula Quintana, y la ministra de Desarrollo Social de Uruguay, Marina Arismendi, la presidencia semestral del Mercosur -a cargo de Brasil desde julio de este año- reunió, por primera vez, a las autoridades competentes en Desarrollo Social de los países del Mercosur. El encuentro, que giró en torno a la búsqueda de acuerdos básicos que permitan avanzar en el terreno de la integración social, terminó convirtiéndose en una especie de orquesta en donde todas las piezas sonaban con coherencia. Cientos de personas seguían el espectáculo desde el salón plenario dispuesto por la organización de la Cumbre Social; asistían a la confirmación de un hecho singular: lejos de los vaivenes de la macroeconomía, el Mercosur de la gente, el Mercosur de la ciudadanía, camina y reporta avances considerables.

Ya en las distintas instancias de la cumbre, esta realidad no escapó a los ojos de nadie. Seminarios, talleres, mesas redondas hicieron del encuentro semestral de la sociedad civil mercosuriana una cita con el acuerdo, un lugar para la convergencia, más allá de las discrepancias que legítimamente cada uno de los actores pudieran tener en algún caso en particular. Las mismas organizaciones de la sociedad civil habían sido protagonistas, horas antes, de una verdadera comunión de ideas para la puesta en marcha de planes, proyectos, iniciativas que tiendan a un objetivo que a esta altura es de todos: ensanchar la participación ciudadana a nivel del Mercosur. En tiempos de crisis, no es una oportunidad despreciable. Más bien todo lo contrario. De hecho, esa fue la conclusión a la que unos y otros arribaron, sin que nadie los empujara. Solos, en un camino que tan sólo requiere de “más instrumentos, un decidido apoyo del Estado y, sobre todo, mucha confianza”, al decir de Dulci, el hombre que este año le puso la firma a un Consejo del Mercosur Social y Participativo que ya es ejemplo a lo ancho y a lo largo de la región. Y que ya inspira a algunos a impulsar, desde la primera línea, un instituto a la altura del Grupo Mercado Común (GMC) volcado al Mercosur social.

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